En Cafayate se preparan para el "Día de las Almas"

Se trata de una celebración vibrante en los valles que se realiza desde tiempos inmemoriales.
2022-10-31 10:52:08 Cafayate

Para los pueblos andinos, con la llegada de la muerte la relación entre el cuerpo y el alma no se termina sino que se modifica. Nuestra fuerza vital ingresa a un nuevo modo de existencia que puede afectar la vida de los vivos. Dicen que para que las almas de los muertos no vaguen sin rumbo y cometan maldades o travesuras, los ritos funerarios son fundamentales.

Las figuras de pan, las flores en papeles de colores y las calaveras de azúcar no son solo patrimonio mexicano. La religiosidad andina cree que en la madrugada del 1 al 2 de noviembre, el alma de los muertos regresa a las casas donde vivieron para participar de un banquete que sus familiares le preparan con amor y dedicación. Animales hechos de pan, fotos, las comidas y bebidas preferidas, hojas de coca, flores de colores, son algunos de los elementos que no pueden faltar en las mesas de las casas o en los cementerios, según la ceremonias que realice cada pueblo de la Puna o de los Valles Calchaquíes.

Por estos días, la gente de los valles de Salta se preparan para celebrar el Día de las Almas, jornada designado por la Iglesia Católica para conmemorar los difuntos fieles.
La celebración del 2 de noviembre se basa en la doctrina que sostiene que las almas de los creyentes que, al tiempo de morir no estaban en pecado venial, se las puede ayudar a alcanzar la visión beatífica con rezos, misas y responsos.
Algunas de las creencias populares relacionadas con esta fecha son de origen pagano y vienen desde tiempos inmemoriales. Así, habitantes de muchos pueblos del interior salteño aún conservan la tradición de que, en la noche de los Difuntos, éstos vuelven a sus casas para participar de la comida u "ofrendas" que sus deudos les preparan.

Valles salteños
Todos los años para finales de octubre, los campesinos católicos esperan ansiosos la visita de las almas. Desde días antes preparan bebidas (chicha y aloja), amasan pan, elaboran las comidas preferidas de sus difuntos, y confeccionan flores y coronas de papel.
Los preparativos culminan en la tarde del 1 de noviembre. Entonces colocan sobre una mesa con mantel blanco, las "ofrendas" que las almas consumirán en su visita nocturna.
Por su parte, en el "cuarto de las ofrendas", que es adornado con flores naturales y de papel, se instala un pequeño altar con imágenes santas y las fotografías de los muertos de la familia. Al día siguiente, la familia se reúne para asistir temprano al cementerio. Lo hace portando los ramos y las coronas de flores que elaboraron días antes.
En el cementerio asisten a la misa de los difuntos y tratan de que el sacerdote del pueblo rece un responso en el lugar donde descansan los restos de sus parientes. Después adornan las sepulturas con las flores y las coronas que llevaron, encienden velas y por última vez oran con gran sentimiento. Concluidas estas pequeñas ceremonias, que son seguidas con gran respeto, la familia regresa unida a su casa para almorzar.
Es entonces cuando se consumen las "ofrendas" de la noche anterior, más otras comidas y bebidas preparadas para la ocasión.
A veces, estos encuentros de familiares y amigos se prolongan hasta el amanecer del día siguiente, entre brindis y cantos con caja.
Esta celebración es una antigua tradición del norte argentino que se conserva con distintas variantes según los lugares. Así, por ejemplo, en Iruya y Santa Victoria, después de la visita al cementerio, se realiza la "repartija", una práctica que consiste en consumir entre familiares y amigos lo que él o los difuntos dejaron la noche del 1 y 2 de noviembre.

Los cementerios
Para el día de las almas, los cementerios permanecen abiertos todo el día y a sus puertas funcionan verdaderas ferias de flores, coronas y productos regionales como golosinas, dulces y bebidas alcohólicas (chicha y aloja).
En el interior de Salta, aún se encara el Día de las Almas de una manera alegre y original. El mundo terrenal se aúna con el espiritual, dando lugar a una de las creencias más arraigadas del norte argentino.
Para las almas católicas se ofrecen misas (costumbre introducida por los misioneros durante la conquista, resultado del sincretismo). En algunas zonas, las comidas y bebidas que se recogen del altar no se comen. Por el contrario son enterradas para que el alma las lleve de regreso al cielo. Sin duda, una tradición en la que se encara a la muerte y el duelo de una manera original.