Como cada año, cuando comienza agosto, Cafayate amaneció cubierto de humo. Cada hogar llevó a cabo esta ceremonia ancestral que se hereda de generación en generación con la firme creencia de que el humo ahuyenta toda las pestes, enfermedades y males.
Este año el 1° de agosto coincidió con el inicio de la semana y en Cafayate se vivió la celebración de la Pachamama desde las 11.30 hs en el Monumento del Río Chuscha.
Las ofrendas, pedidos y agradecimientos a la madre tierra fueron depositadas en el pozo cavado en la tierra, frutas, bebida, coca, y cigarrillos junto al canto y la danza. El sonar de las cajas y la copla nos acercan a los tiempos de los antepasados para vivir profundamente la celebración de los ciclos de la tierra.

Este 1° de agosto, los pueblos indígenas de América Latina celebran esta costumbre ancestral de gratitud a la tierra a la que denominaron el día de Pachamama o día de la Madre Tierra, siendo una forma de agradecimiento, una fecha para pedir y bendecir los frutos que ofrenda la Pachamama. “Pacha” significa universo, mundo, tiempo, lugar, mientras que “Mama” es madre.
Esta adoración a la Madre Tierra, significa el agradecimiento por las cosechas y el buen tiempo, por los animales y la abundancia del suelo. Con el transcurso del tiempo, los rituales de esta tradición fueron variando, tomando distintas formas y enriqueciéndose con los legados culturales, históricos y sociales de diferentes comunidades.
El 1 de agosto es muy importante para la cultura andina porque se recuerda el Día de la Pachamama, el Día de la Madre Tierra. Este concepto proviene de la lengua quechua: Pacha: «mundo» o «Tierra», y mama: «madre».
En el norte argentino esta celebración se vive con mucha intensidad. Se la conmemora durante todo el mes agosto pero, como indica la tradición, es el primer día del mes cuando se realiza la ceremonia de ofrenda a la madre tierra por todo lo que ella ha provisto y brindado.